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Brescello

Entrevista a la señora Guareschi

 

RETRATO DE UNA MUJER SIMPLE

Artículo de Giovanna Togliatti publicado en el periódico “Corriere Mercantile” de Génova, el 22 de diciembre de 1954

 

Entrevista a Ennia en Roncole, mientras Giovannino está en la cárcel de San Francesco en Parma. En tanto se hacen los preparativos para la Navidad …

Había encontrado un coche con chofer para llevarme a Roncole desde Busseto. Era el camarero del hotel, a quien le había solicitado información, se había ofrecido como cicerón para llevarme desde Parma a Busseto: “Resido muy cerca de Roncole en Ponte Taro. Voy todas las noches cuando acabo la faena. Si quiere mañana podemos ir sobre las diez. Sucede que tengo que hacer unos trabajillos cerca de mi casa. Es una mala época, económicamente hablando, pero es necesario hacer esas tareas en el campo para cuadrar las cuentas, pagar los impuesto y demás cuestiones relacionadas con los contratos para renovar”.

No veía ningún problema en la proposición ya que aprovecharía la media hora que duraría el viaje para conocer mejor la realidad suya y las de sus paisanos. Por lo tanto, acepte. Las otras opciones para llegar a esa localidad eran muy engorrosas o incomodas: autobuses con horarios imposibles, un trencito tipo Far West que se detiene en cada población, etc.

“Hasta mañana y llámeme por teléfono cuando esté listo para irnos a Roncole” – le dije. Efectivamente a las siete de la mañana, me llamó y comentó cuando salíamos: “Fíjese hay escarcha”. Tenía la sensación que el frío había paralizado la llanura. Una llanura espléndida. Con ese blanco que había endulzado todos los colores, incluso el marrón oscuro de los campos recién arados y los troncos de los árboles. Mientras que los caminos más lejanos estaban cubiertos de una sutil neblina y se fundían con el gris de los Apeninos, en el horizonte.

Me sorprendió la cantidad de colores para pintar ese entorno: las moras, los Apeninos, el pedregal en la ribera del río Taro y las granjas diseminadas en todo el paisaje. Algunas pinceladas de color plata y varias tonalidades de blanco. El camarero pregunto: “¿Dónde quiere que la deje porque estamos llegando?”.

Me encontraba en la Bassa. Estaba de pasada por Parma y repentinamente quería saber donde vivía Giovannino Guareschi y si era posible conocer a su mujer. Me habían hablado de ella en Milán. Sabía que evitaba al máximo todo tipo de publicidad y que en varias ocasiones había rechazado las entrevistas. Consiguientemente, en el supuesto que la encontraría, me hubiese gustado que entendiese que estaba allí no para hacerla hablar de los tristes acontecimientos que le habían afectado. Curiosamente más que su marido, me interesaba hablar con ella. Decían que tenía un carácter huraño pero con unos sentimientos profundos que hacían de ella una persona merecedora de ser conocida. Un ser humano con la cual se puede conectar humanamente sin que existan lazos comunes, provenientes de la vida cotidiana o amistad.

Le dije al chofer que me dejase en el centro del pueblo. El pueblo consiste en un cruce de la calle principal con una callejuela que se adentra en el campo. El camarero señalaba con su brazo: “miré aquella es la casa de Verdi”. Efectivamente había un cartel en donde indicaba hacia la casa del maestro Verdi. Era una pequeña casa, rodeada de setos, con un pozo pequeño para extraer el agua, dos cipreses y un busto del maestro en un pedestal. El chofer decía: “Muchos piensan que Verdi nació en Busseto pero es falso ya que esta es su casa natal”. No le pude confesar que hasta ese momento desconocía este detalle de la historia del famoso compositor. Ulteriormente me di cuenta que era algo muy importante para la gente del lugar, especialmente, los relatos de la infancia de Verdi. También comprendí que en el pueblo nadie renunciaba de hablar de su otra celebridad: Guareschi.

La casa de Guareschi tiene dos plantas, es asimétrica, visible de lejos porque las manchas verdes de las ventanas y las paredes blancas destacaban poderosamente entre todas las otras casas de la llanura.

Una vecina afirmaba: “La señora Guareschi vive allí. Ya son dos o tres años que está aquí. Desde que llego a Roncole a cambiado de cara. Está más redondita. Está muy bien. Por su puesto que en Milán es otro modo de vivir, hay más gente, más diversiones pero al señor Guareschi le gustaba está llanura y ha comprado un terreno para construir la casa. El mismo la ha diseñado, incluso aquellas dos construcciones cercanas que son para sus amigos cuando vienen a visitarlo. Siguen llegando amigos, siendo que él no está. Esas son las únicas personas que recibe la señora Guareschi”.

Si todo esto era verdad, las cosas no pintaban muy bien que digamos para mis intenciones. Esa información la estaba recibiendo de una campesina que me había acompañado hasta la puerta de la casa de Guareschi. La señora no estaba en la casa. La campesina afirmó: “Se fue a Busseto pero regresará para la comida. En tanto puede sentarse a esperarla”.

Quizás el modo para no ser rechazada como periodista en el momento de encontrar a la señora sería ganarse unos amigos, en primer lugar, el perro. Amleto un perro de color negro que no se cansaba de ir y venir del campo, trayendo sus patas llenas de barro y ensuciando las ropas de las personas cuando daba sus muestras de afecto.

Aproveche el tiempo libre para conocer un poco mejor el lugar. Quizás trataba de encontrar alguna que otra escena de las películas de Don Camilo y Peppone, pero no fue así. Don Camilo de estar por aquí seguramente estaría escondido en la iglesia con su cementerio, donde reinaba el silencio, el cual podía ser roto por las melodías sacras de la juventud de Verdi. Tiros de escopetas, petardos, campanas al vuelo no lograba imaginarme en esta atmósfera.

En cuanto a Peppone, no fui capaz de encontrar la casa del pueblo. Había una vieja casa, que podría ser pero en el cartel y por motivos extraños estaba escrito el nombre de una cooperativa “La proletaria”. Del otro lado del edificio, estaba la “Entrada al Salón”. Me hubiese gustado saber el significado de salón. Personalmente pienso que dado el ambiente triste y desértico se podía poner “Saloon”, como aquellos que había visto en los pueblos desolados de Nevada, en donde sus calmos habitantes se pierden en el silencio de la llanura pero que en cualquier momento pueden desatar grandes batallas.

Avanzar



 

 

Ennia Pallini "Margherita" y Fernandel: Brescello 1951